La antropología y los procesos comunicacionales contemporáneos. 

La antropología es considerada por referentes interdisciplinarios como “madre” de una nueva rama del conocimiento con características, que permitieron tomarla como un modelo de estudio específico dentro de la multiplicidad de disciplinas que la componen, como lo es la comunicación y que tiene aspiración de ciencia. Ese método debe contemplar la posibilidad de hacer un «recorte» y enfocarse en su campo de estudio para poder profundizar en temas propios de la comunicación como parte esencial de cualquier comunidad.

El que descubrió y desarrolló de forma inicial esta nueva disciplina fue el antropólogo Claude Lévi-Strauss. En sus estudios siempre estuvo presente la relación simbólica fundante de cualquier sociedad, el desarrollo de la “diversidad cultural” o el “multiculturalismo” -términos acuñados por Lévi-Strauss-, intervinieron en todo momento en las teorías del conocimiento acerca de lo que es el “mundo”, pero también la lógica y la semiología en los distintos grupos sociales. El transcurso del tiempo ha ido cambiando y agregando nuevos elementos a la ciencia antropológica, aunque esto “tiene que pensarse como una ´acumulación conflictiva´ de sus partes” (Boivin, Rosato y Arribas, 2004, p. 7), en el entendido de que nunca es una simple sumatoria de resultados obtenidos mediante los análisis antropológicos o etnográficos, sino porque diferentes estudios realizados en momentos distintos arrojan conclusiones dispares, por más que sean realizados en la misma comunidad. 

Esta idea tiene una mirada diferente en el corte sincrónico de los procesos antropológicos, pero también comunicacionales. Lo que se ha podido estudiar, según algunos antropólogos, es una muestra específica que corresponde a un determinado momento, pero que además tiene la visión y la interpretación subjetiva y singular de quien observa. Además está presente la visión bourdiana acerca del funcionamiento concreto hacia el interior del grupo estudiado en dónde la comunicación no es pura y sincera porque, “… los así llamados ´sistemas simbólicos´ son al mismo tiempo comunicación y dominación” (Guigou, 2009, p.13). 

Para los procesos comunicacionales contemporáneos es tal vez la antropología la que nos podría mostrar un camino posible para un entendimiento de cómo influyen los dispositivos electrónicos en una nueva forma de relacionarse tanto virtual como interpersonal debido a la dependencia que estos han generado, sin perder de vista que el desarrollo tecnológico tiene su aporte positivo, pero también puede condicionar las relaciones entre personas incluso desde edades tempranas.

Aquella idea estructuralista de Lévi-Strauss que proponía partir de diferentes fragmentos del discurso para lograr comprender “un todo”, podría funcionar para comprender el dominio ilimitado de los medios de comunicación actuales, aunque esto no sea tarea sencilla. Las grandes corporaciones dedicadas a la comunicación como negocio deben aggiornarse permanentemente para mantener su hegemonía e influencia en los consumidores. Además: “…es necesario construir un modelo teórico de sociedad que, aún cuando no corresponda a ninguna de las que se pueden observar en la realidad, ayude a comprender los fundamentos básicos de la existencia humana” (Boivin, Rosato y Arribas, 2004, p.11). Un modelo que nos ayude a “retornar” a nuestra raíz más humana y no tan virtual y/o artificial. En esto también la antropología, como ciencia que ha estudiado el comportamiento, desarrollo y formas vinculares de muchas comunidades a lo largo de la historia y en cualquier parte del planeta, posee como reservorio y como conocimiento (sea o no acumulativo) el que debería servir a los seres humanos para tratar de no perder esa parte sensible que lo acerca a sus pares y no tanto a la máquina.

Necesitamos repensar al «otro”, al extraño, al diferente, al inmigrante; para no verlo como un enemigo que viene a invadirnos y a quitarnos lo que es nuestro. ¿Qué es lo nuestro? Nadie es extranjero en el mundo. También tenemos que hacer foco en la palabra «ver». Es necesario entender de qué manera nos aproximamos a la opinión del «otro». El conflicto está planteado, mediante las redes sociales la intolerancia a lo distinto se exacerba y se promueve, muchas veces desde el anonimato (trolls o incluso bots), otras, desde los llamados «influencers», cuando el único dote que poseen es tener un puñado de seguidores. Muchas veces la acción inmediata es el bloqueo o el silenciamiento como alternativa a la anulación de una opinión diferente. Entonces como dijo Zitarrosa: «la patria es en dónde uno se cría», no es posible una crianza en solitario, siempre hay un otro que está en relación conmigo, y es a partir de esa relación que me constituyo, siempre a partir de un otro, sea quien sea o donde vino. O como afirma Lévinas “el bien está en el otro”, en el otro que también somos todos y que nos da identidad. Este aporte deberá ser promovido constantemente para que los procesos de los medios de comunicación contemporáneos (y también los algoritmos) no nos conviertan en seres mitad humanos, mitad robots.

Referencias bibliográficas:

  • Boivin, M., Rosato, A., y Arribas, V. (2004). Constructores de otredad. Buenos Aires: Antropofagia.
  • Guigou, N. (2009). Comunicación, antropología y memoria: los estilos de creencia en la alta modernidad. Montevideo: Nordan-Comunidad.
  • Lévi-Strauss, C. (1968). Mitológicas I-IV. Lo crudo y lo cocido. México: Fondo de Cultura Económica de México. 

Una respuesta a “La antropología y los procesos comunicacionales contemporáneos. ”

  1. Avatar de Vanessa López Ifrán
    Vanessa López Ifrán

    Todo tan complicado y tan simple a la vez.

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